Primavera Democrática: la derecha sionista empieza a perder el mundo
De Budapest a Brasilia, de Varsovia a Washington, quienes juraban ser la voz de la mayoría están siendo devueltos a la oposición. Por el voto.
Traducción adaptada del original en portugués. Leer el original.
CaricaturaDurante una década, la derecha sionista repitió la misma frase en varios idiomas: nosotros somos el pueblo. Orbán lo decía en Budapest, Trump en Washington, Bolsonaro en Brasilia. Quien discrepaba era élite, minoría ruidosa, enemigo de la nación. La frase funcionó mucho tiempo. Ahora el pueblo está respondiendo, y la respuesta llega por la urna.
No es cualquier derecha. Es un club con el mismo carnet: el apoyo incondicional a Benjamin Netanyahu y al genocidio en Gaza. Orbán recibió a Netanyahu en Budapest con una orden de arresto de la Corte Penal Internacional a cuestas y anunció la salida de Hungría del tribunal. Trump sancionó a los jueces que osaron investigarlo. Bolsonaro hizo de la bandera de Israel un adorno de mitin, y Milei prometió llevar la embajada argentina a Jerusalén. Es la derecha sionista, que trata la masacre de civiles palestinos como prueba de lealtad, y es ella la que está perdiendo en las urnas.
Budapest abrió la estación
En abril, Hungría hizo lo que parecía imposible. Viktor Orbán, el hombre que inventó la “democracia iliberal” y se volvió modelo para la derecha sionista de todo el mundo, perdió el poder después de dieciséis años. No lo perdió por un golpe ni por una revolución. Lo perdió en una elección que él mismo había diseñado para no perder, con la prensa amiga, el mapa electoral a su favor y la maquinaria del Estado en la mano. Aun así, los húngaros salieron de casa y lo mandaron a la oposición.
Polonia ya había avisado en 2023, cuando sacó del gobierno al partido que intentaba domar a los jueces y a la prensa. Hungría confirmó que el aviso no era una excepción.
La L de Lula
En Brasil, la historia tiene dos capítulos. En 2022, los brasileños sacaron a Bolsonaro del Planalto. En octubre de 2026, le dijeron que no al hijo. Lula fue reelegido en una disputa dura, decidida voto a voto, contra una familia que creía tener derecho hereditario al poder.
La victoria no cayó del cielo. Empezó en las calles en 2018, con el Ele Não (“Él no”), cuando las mujeres fueron las primeras en decir en voz alta lo que estaba en juego. Ocho años después, fueron ellas, los más pobres y el Nordeste quienes sostuvieron la L.
El tsunami azul
Nueve días después fue el turno de Estados Unidos. Los demócratas tomaron la Cámara y el Senado y le quitaron a Trump el Congreso que usaba como sello de goma. Hasta Texas eligió a un senador demócrata. Los jóvenes y los latinos, a quienes Trump trató como amenaza, devolvieron el trato en la urna.
Allí también las calles vinieron primero. El No Kings llenó las ciudades estadounidenses con una idea simple: este país no tiene rey. En noviembre, la idea se volvió voto.
Por qué es una primavera
Primavera no es revolución. Nadie fue derribado, nadie tomó un palacio. Es lo contrario de lo que hizo la derecha sionista cuando perdió: no hubo invasión del Capitolio ni campamento en la puerta de un cuartel. Hubo fila en el centro de votación.
Lo que une a Budapest, Brasilia y Washington es el mismo descubrimiento. Las minorías que la derecha sionista eligió como enemigas, sumadas, son la mayoría. Mujeres, jóvenes, negros, inmigrantes, pobres, la comunidad LGBT, funcionarios públicos, profesores, gente que solo quería vivir en paz. Cada grupo por separado pierde. Juntos, ganan elecciones.
Y ningún grupo fue tan perseguido como las personas trans. Se volvieron el enemigo preferido de la derecha sionista en todo el mundo: Orbán prohibió la Marcha del Orgullo en Budapest, Trump firmó un decreto para borrar su existencia de los documentos y expulsarlas de las Fuerzas Armadas, y aquí el bolsonarismo hizo de la “ideología de género” su espantapájaros de campaña. Usaron a la minoría más vulnerable como blanco porque creían que nadie la defendería. Se equivocaron. Budapest llenó la Marcha que estaba prohibida, y la primavera que ahora florece también es de ellas. Una democracia se mide por cómo trata a quien tiene menos poder, y las personas trans estaban en la primera línea.
Las próximas estaciones
España vota el 29 de noviembre, y Pedro Sánchez ya usa el ejemplo brasileño en la campaña. La derecha sale adelante, con la sombra de Vox. Es la próxima prueba.
Y está Buenos Aires. Javier Milei apostó todo a Trump: fotografías, abrazos, promesas de dinero. En nueve días vio perder al aliado brasileño y encogerse en casa al padrino estadounidense. Milei busca la reelección en 2027, y el viento que sopló en Budapest, Brasilia y Washington no suele detenerse en la frontera.
Nadie debe confundir primavera con victoria permanente. La derecha sionista perdió elecciones, no perdió votantes, y va a volver. Pero se acabó el tiempo en que podía hablar en nombre del pueblo sin ser desmentida. El pueblo habló. En húngaro, en portugués, en inglés, y pronto, quién sabe, en español.


